Defensa al 1600

La calle Defensa al 1600 pertenece al barrio de San Telmo, Comuna 1 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “Abrazado” por el mítico Parque Lezama se encuentra allí desde 1897 el Museo Histórico Nacional, fundado el 24 de mayo de 1889. La vieja casona que allí se emplaza reúne piezas fundamentales y fundantes de nuestra Nación. Algunas de las más destacadas incluyen los sables de Manuel Belgrano, Lucio Mansilla, Manuel Dorrego, Guillermo Brown y Martín Miguel de Güemes. También se encuentran objetos personales de Simón Bolivar, Mariquita Sánchez de Thompson, Juan Manuel de Rosas y pinturas y retratos que buscan narrar más de doscientos años de historia.

El museo posee un recorrido ameno, didáctico e interactivo para abordar el complejo desarrollo de nuestra historia, así como también para admirar la valentía y el coraje de aquellos hombres y mujeres que dedicaron su vida a la grandeza de la Nación Argentina. Su buena gestión y administración puede verse reflejada en la numerosa concurrencia de niños y niñas que recorren de punta a punta el edificio con ojos brillosos de encanto y curiosidad. 

El bullicio generado por los visitantes en los pasillos es también prueba contundente de la fascinación y el enorme interés provocado. Sin embargo, todo ese bullicio entra en un estado de suspensión, se “mutea” al ingresar al último recinto del museo. Allí, las luces brillan más que en el resto de la vieja casona, los niños y niñas abren aún más sus pupilas y la presencia fija de un granadero, sobria y altiva termina de agregar una mística única. En ese espacio, en el centro del pasillo se encuentra nada más y nada menos que el sable corvo del General José de San Martín. Solemne, pulcro, radiante, firme. 

La historia del sable tiene idas y vueltas. San Martín lo adquirió usado en Londres y lo utilizó en su heroica y gallarda campaña de liberación sudamericana. Al finalizar la misma, y como uno de los tantos gestos que engrandecen la figura del prócer máximo, lo heredó a Juan Manuel de Rosas al sentirse a gusto con la defensa que este último había realizado frente a los embates extranjeros.

En los primeros días del mes de febrero, en vísperas de un nuevo aniversario de la Batalla de San Lorenzo, único combate en el que el sable fue utilizado en suelo argentino, el Presidente de la Nación desde el año 2023 Javier Milei firmó un decreto que autoriza el traslado desde el Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos en la localidad de San Lorenzo. Este hecho significa una interrupción de más de diez años en los cuales el sable estuvo exhibido en el MHN trasladado en 2015 en un multitudinario y significativo acto por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

¿Qué motiva a Javier Milei a ‘mover’ el sable de su ubicación? ¿Son sus claras diferencias con Juan Manuel de Rosas y sus herederos que explícitamente pidieron que el sable se quede dónde está? ¿Es su necesidad imperiosa de diferenciarse de Cristina Kirchner, su más grande antagonista política? ¿Es tan sólo uno más de sus caprichos infantiles no resueltos? A todas estas preguntas no hay una única respuesta como tampoco hay un único abordaje o entendimiento a las acciones inverosímiles de un presidente que parece no pagar ni un solo costo por sus actitudes de matón

La historia del sable tiene idas y vueltas. San Martín lo adquirió usado en Londres y lo utilizó en su heroica y gallarda campaña de liberación sudamericana. Al finalizar la misma, y como uno de los tantos gestos que engrandecen la figura del prócer máximo, lo heredó a Juan Manuel de Rosas al sentirse a gusto con la defensa que este último había realizado frente a los embates extranjeros.

El sable del Padre de la Patria no es un objeto de disputa política, es una pieza histórica de un valor simbólico prácticamente incomparable y respetar la voluntad histórica de sus herederos no es un capricho sino una obligación como jefe máximo de la Nación. Ni la libertad, ni ninguna otra excusa de cartón son argumentos válidos para justificar el destrato y el manoseo a una pieza histórica y con ella al prócer más trascendental de nuestra historia. Con un presidente que justamente muestra alergia a respetar su investidura no sorprende que su actitud sea una vez más la de un pseudo déspota sin filtros ni interés en por lo menos mostrarse como un hombre de palabra.

Pese a la resistencia de muchos y a medidas judiciales, el sable será trasladado en helicóptero y le será ofrendado a los granaderos en un acto “cargado de simbolismo” en donde se especula que el Jefe de Estado lleve a cabo un “cosplay” caracterizado como un granadero. Con el fin de poner en contexto esa última frase, si, el Presidente de la Nación utilizará el mismo uniforme que más de doscientos años atrás utilizaron aquellos hombres que aceptaron su destino y cumplieron con su obligación de defender a la naciente patria.

No hay ni habrá jamás un punto de comparación entre la altura de aquellos patriotas y la bajeza de un hombre que día a día acelera en su insania sin recibir un freno por parte de aquellos que, perturbados por unos gramos de poder efímero, son los encargados de aconsejarlo y guiarlo a buen puerto al menos por el bien y la estabilidad de la Nación. Sólo queda resignarse y aquellos con estómago podrán observar una nueva puesta en escena burda y profundamente ordinaria a las que muchos argentinos y argentinas parecen estar acostumbrándose.

Compartí esta nota: